Designed by Starline / Freepik
Neuropsicología

Las emociones: ¿Cómo las procesa el cerebro?

El procesamiento de las emociones

Las emociones dan para hablar mucho y, como habréis podido comprobar, me encanta hablar sobre ellas. En la entrada anterior (puedes leerla pinchando aquí) comentaba las tres funciones básicas que cumplen las emociones: adaptativa, social y motivacional, y ponía un ejemplo práctico de procesamiento emocional. Este ejemplo es simplista y queda reducido a una situación bastante cotidiana, pero lo cierto es que nuestro cerebro está trabajando constantemente digiriendo la información de nuestro entorno y haciéndonos actuar de la mejor forma que ha aprendido en función de las circunstancias. Para procesar todos esos estímulos, el cerebro cuenta con varias herramientas y puede utilizar dos caminos diferentes: uno corto y otro largo.

Camino corto, vía rápida

Era una apacible tarde de verano e iba paseando con mi pareja tranquilamente por el campo. Mirando hacia el horizonte me quedé maravillada con la luz anaranjada del atardecer. Volví la mirada al camino, porque me gusta saber dónde piso, y de repente vi algo en el suelo moviéndose que me hizo ‘catapultarme’ 100 metros más allá y no me parecía lo suficientemente lejos… el corazón me latía a mil por hora y me sentía en peligro. Después entendí que se trataba de una culebra inofensiva. “¡Uff! ¡Qué susto me he pegado!”

Seguramente todos nos hemos encontrado en una situación similar: algo nos asusta, pegamos un salto alejándonos de eso que nos ha asustado y, después, somos conscientes de lo que era ese ‘algo’. ¿Qué es lo que ha pasado aquí?

Los animales hemos sobrevivido y evolucionado durante todo este tiempo gracias a este maravilloso mecanismo de defensa que llevamos en la “placa base”. Es el camino más rápido de procesamiento emocional y no somos conscientes de él.

El cerebro está preparado para actuar rápidamente y de forma automática ante estímulos y situaciones que pueden suponer un peligro para la vida. Para poder protegernos debe hacernos actuar primero… luego ya se preguntará de qué nos está protegiendo. ¿Cómo lo consigue? Saltándose la corteza cerebral y yéndose directamente al cerebro primitivo que nos hace actuar sin pensar. Este mecanismo supone muchas menos conexiones neuronales, por lo que el resultado es casi inmediato. De hecho, se parece al disparo de una bala: una vez aprietas el gatillo, no hay forma de detener la bala (hasta que choca con algo, claro). Digamos que el gatillo es apretado por la visión de la culebra y nuestra reacción se dispara de forma irrefrenable.

La información pasa del ojo al núcleo del tálamo, que está por debajo de la corteza cerebral, de ahí va a la amígdala, la cual reconoce el peligro y envía una señal de emergencia al sistema motor para que actúe.

Vía rápida procesamiento emocional
Camino corto, vía rápida

 

Camino largo, vía lenta

Sin embargo, ante esta misma situación se está dando un procesamiento en paralelo que nos va a permitir ser conscientes de lo que está pasando y moderar nuestra respuesta emocional, porque, pensándolo bien, a lo mejor ha sido un pelín exagerado mi salto de 100 metros…

¿Qué pasa en esta segunda vía? Cuando la información visual llega al tálamo, en vez de ir a la amígdala directamente, la señal se dirige a la corteza visual, donde se procesan y reconocen los elementos que vemos. La corteza descifra esa información y llega a la conclusión de que es una pequeña culebra, para obtener más información sobre ella, ‘emite’ su resultado a la zona de la corteza que se encarga de juntar todo lo que sabemos sobre el bicho en cuestión, la corteza de asociación. El hipocampo sumará los recuerdos que tiene de otros encuentros similares. Con todo este batiburrillo llegamos a la conclusión de que el peligro no era tal: la culebra es inofensiva y seguramente haya experimentado más miedo al detectarnos que nosotros al verla. Por otra parte, la corteza orbitofrontal, que se encarga de regular la conducta social, puede que te diga: ‘Has exagerado un poco, ¿no? ¡Disimula que tienes compañía!‘ Y nos damos cuenta de que hemos pasado de una situación de miedo a una de vergüenza.

Camino largo, vía lenta
Camino largo, vía lenta

 

Aunque he representado las conexiones entre las distintas zonas que intervienen en el procesamiento de la emoción de forma lineal, lo cierto es que son bastante más complejas y suelen ser bidireccionales.

Espero que sirva para obtener una idea generalizada de lo que sucede en nuestro cerebro cuando nos exponemos a situaciones que despiertan emociones en nosotros. También para comprender por qué en ocasiones sentimos emociones sin saber muy bien a cuento de qué. No ser conscientes de lo que nos rodea no implica que nuestro cerebro no se haya percatado de todo… a veces de formas muy sutiles.

Procesamiento emocional
Procesamiento emocional. La amígdala, imagen de psicoctiva.com

La amígdala es el eje vertebrador del procesamiento emocional: nos alerta del peligro y nos ayuda a reconocer las expresiones faciales de los demás, entre otras cosas. Si quieres conocer más cosas de este núcleo lo puedes hacer en PsicoActiva.

Imagen de portada: Designed by Starline / Freepik
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s