Psicología

¿Para qué nos emocionamos?

En muchas ocasiones no comprendemos lo que nos está pasando, por qué nos sentimos de determinada manera o para qué nos sirve sentir esas emociones. Las emociones nos desbordan y no sabemos qué hacer con ellas.

Nos han enseñado a etiquetar las emociones como buenas o malas y, también, a hacer todo lo posible para favorecer las “positivas” y evitar las “negativas”. Lo cierto es que las emociones no son ni una cosa ni otra. Las emociones nos ayudan a aprender de las situaciones que se dan en nuestro día a día; cuando nos encontramos ante una situación que nos provoca alegría, por poner un ejemplo, intentaremos hacer en el futuro lo que esté en nuestra mano para que vuelva a repetirse. Si otro evento nos da miedo, intentaremos que no vuelva a repetirse, tomaremos medidas que nos permitan sentirnos a salvo.

Además, se da la circunstancia de que la sociedad nos indica qué es lo que debemos sentir y cómo. Sin ir más lejos, la emoción de ira no está muy bien vista, pero es esencial para preservar nuestra identidad. Sentirnos enfadados cuando nuestros derechos están siendo vulnerados o cuando nuestras metas se ven impedidas es la base que nos permitirá luchar por aquello que consideremos importante para nosotros.

Otra emoción que nos cuesta manejar socialmente es la tristeza, porque… un poquito sí, pero en grandes cantidades no sabemos como lidiar con ella. Aceptamos que es normal que una persona que acaba de perder a un ser querido se sienta triste y, entonces, estamos ahí para ayudarle y apoyarle, pero llega un punto en el que consideramos que esa persona ya ha estado bastante triste y decidimos que ya debe sentirse bien; en ese momento empezamos a incomodarnos con su tristeza y mandamos mensajes del tipo: tienes que seguir con tu vida; debes salir y relacionarte con la gente; ¿por qué no te vas de viaje?… 

¿Quiénes somos para decidir cómo debe sentirse otro? Las emociones son personales e intransferibles, como el DNI, y no se pueden controlar, sólo podemos modular nuestra reacción a ellas, pero no evitar sentirlas. Nuestras experiencias emocionales van a depender de muchas cosas, pero todas tienen algo en común y es que nos ayudan a adaptarnos a nuestro entorno. Nos hacen reaccionar ante las cosas que nos suceden, son las que nos hacen saber lo que estamos haciendo bien o lo que debemos cambiar y/o mejorar.

En definitiva, nos emocionamos para poder adaptarnos a las circunstancias. Nos emocionamos para que los demás sepan cómo nos estamos sintiendo, nos ayudan a comunicarnos. Nos emocionamos para actuar, para movernos, para conseguir aquello que queremos. La emoción es nuestro motor.

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