Neuropsicología

Breve introducción a la enfermedad cerebrovascular

Los accidentes cerebrovasculares (ACV) constituyen hoy una de las causas más frecuentes de las afecciones neurológicas en las personas adultas y comprenden las alteraciones en el funcionamiento del cerebro por alguna anomalía en los vasos sanguíneos, resultando en una reducción severa del flujo sanguíneo en la zona afectada. Una interrupción del flujo de más de 5 minutos es suficiente para causar un daño irreversible.

Los ACVs se clasifican en dos grandes grupos:

  • Isquemias (Imagen 1), por decremento o interrupción del flujo sanguíneo en el cerebro debido a una trombosis, una embolia o al endurecimiento o inflamación de los vasos sanguíneos.

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    Imagen 1: Embolia.
  • Hemorragias, por la ruptura de un vaso debido a hipertensión arterial, ruptura de un aneurisma (embombamiento de las paredes del vaso; ver Imagen 2) o un angioma (malformación arteriovenosa).

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    Imagen 2: Aneurisma.

En un accidente isquémico transitorio la persona muestra una pérdida súbita de una función neurológica o neuropsicológica por un breve periodo de tiempo. Puede haber una pérdida de visión y del lenguaje, pero la recuperación es prácticamente completa, al contrario de lo que ocurre en un caso de isquemia cerebral permanente, donde se produce la muerte de las neuronas afectadas.

Un ACV presenta una sintomatología característica dependiendo de la parte del cerebro que se vea implicada. Puede aparecer súbitamente pérdida del lenguaje, parálisis de una parte del cuerpo (contraria a la zona afectada), alteraciones en el gusto o el olfato, dolor de cabeza, etc. En función de la gravedad, el déficit neurológico puede durar desde segundos a días. La pérdida de conciencia es común en las hemorragias, pero no en las isquemias.

La recuperación es variable, produciéndose a lo largo de las horas, días o semanas siguientes al accidente vascular. La sintomatología que persista dará un indicio del lugar y tamaño de la lesión. Un TAC o una resonancia pueden demostrar la presencia de hemorragias, infartos (muerte del tejido), aneurismas y deformidades, mientras la arteriografía revela las oclusiones de los grandes vasos.

Fuente: Ardila, A. y Rosselli, M. (2007). Neurpsicología Clínica. México D.F.: Manual Moderno.

 

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