Neuropsicología, Psicología

¿Memoria o memorias?

La memoria

Cuando hablamos de memoria, tendemos a pensar que se trata de un concepto único que engloba todo aquello que recordamos, ya sea de nuestro pasado, de cosas que sabemos hacer… Por lo tanto, cuando una persona presenta “lagunas” de cualquier tipo decimos que tiene problemas de memoria. Sin embargo, eso no es del todo correcto. Realmente lo que entendemos por memoria está compuesta por varios tipos diferentes.

Tipos de memoria:

Memoria explícita

Por un lado, tenemos la memoria semántica, que es la encargada de almacenar la información que hace referencia a conocimientos generales. Por ejemplo, qué es un perro, cuál es la capital de España, quién es Einstein, cuáles son los nombres de las cosas que utilizamos a diario… etc. Son conocimientos que tenemos, pero que, con frecuencia, no recordamos dónde los hemos aprendido, ni cuándo, ni quién nos lo enseñó. Se podría decir que es una memoria “descontextualizada”. Lo sabemos y punto.

Por otra parte está la memoria episódica. Como se puede deducir, tiene que ver con episodios de nuestra propia vida. Es lo que solemos llamar recuerdos: los recuerdos que tenemos de cuando éramos niños y veraneábamos en el pueblo, de cómo fue nuestro primer trabajo, de cuando conocimos a nuestra pareja y lo que nos hizo sentir, de lo que estuvimos hablando ayer mientras comíamos, etc. Se podría decir que es la memoria que nos da identidad, es como una película de nuestra vida, que explica en cierto modo una parte del porqué somos como somos debido a lo que hemos vivido.

Estos dos tipos de memoria constituyen la memoria explícita, aquella que somos capaces de “activar” de forma intencionada.

Memoria implícita o procedimental

La memoria implícita, por el contrario, hace referencia a la memoria que nos guía cuando llevamos a cabo procedimientos habituales para nosotros, como puede ser conducir, andar, montar en bici, escribir, entre otros muchos otros. Incluye todo tipo de conductas “sobreaprendidas”, es decir, comportamientos que hemos practicado tantas veces que ya hemos dejado de pensar en cómo se hacen, simplemente las hacemos de forma automática, como si de un robot se tratara: “esto es como montar en bici, nunca se olvida”, dicen.

Memoria explícita y memoria implícita forman la memoria a largo plazo, es decir, la de aquellas cosas que somos capaces de recordar días, meses e incluso años después de haberlas aprendido.

Memoria operativa

No obstante, esto no es todo. Disponemos también de una memoria operativa o de trabajo, la cual nos permite manejar información en el momento actual o, como les gusta decir a algunos expertos, on line. Entra en juego cuando tenemos que mantener datos en mente para darle algún uso, por ejemplo, cuando nos recitan el número de teléfono de alguien a quien queremos llamar y tenemos que mantenerlo hasta que nos dé tiempo de marcarlo o anotarlo. ¿Qué es lo que solemos hacer? Repetirlo. Repetirlo una y otra vez, para no olvidarlo antes de finalizar el objetivo (anotar o marcar el número en el terminal, en este caso).

La memoria operativa es la que se encarga de realizar esta tarea: mantiene la información durante un breve periodo de tiempo para que podamos conseguir un fin (contactar con nuestro amigo, cuyo número de teléfono habíamos perdido, por poner un ejemplo). Esta memoria incluye la memoria a corto plazo, que no es otra cosa que un pequeño almacén, de capacidad muy limitada, que guarda la información durante unos segundos.

Memoria prospectiva

Por último, algunos autores hablan de memoria prospectiva, que sería aquella que nos permite “proyectarnos” hacia el futuro: el miércoles tengo cita con el médico a las 9, el sábado es el cumpleaños de mi hermano, etc.

 

Espero que con este breve esbozo quede un poco más claro todo este lío de lo que es la memoria y que, aunque hablamos de ella en singular, sepamos que hay más tipos que pueden verse afectados de manera independiente: uno puede no acordarse de los nombres de las cosas, pero recordar qué hizo ayer y con quién, o al revés.

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1 comentario en “¿Memoria o memorias?”

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